Las diez mil horas que nadie dijo así
Probablemente has oído que para dominar algo hace falta practicarlo durante diez mil horas. La cifra viene de un estudio real, pero el estudio no dice eso, y la investigación posterior lo complica bastante.
3 min de lecturaSeguramente conoces la regla: para ser excelente en algo hay que practicar diez mil horas. Se repite en charlas, libros y conversaciones sobre talento. Suena a promesa justa, porque convierte el talento en algo que se paga con tiempo.
La regla tiene un origen real. En 1993, Anders Ericsson, Ralf Krampe y Clemens Tesch-Römer publicaron un estudio en Psychological Review sobre violinistas de la Academia de Música de Berlín Occidental. Lo que encontraron es que los mejores habían acumulado muchas más horas de práctica que los demás. La cifra de unas diez mil horas era el promedio del grupo de los mejores hacia los veinte años. Las cifras que se citan para los otros grupos varían según la fuente, así que prefiero no dártelas.
El libro «Outliers», de Malcolm Gladwell, dedicó un capítulo a lo que llamó la regla de las diez mil horas y citó ese artículo como su evidencia principal. Aquí hay dos distorsiones. Un promedio de un grupo se convirtió en un umbral universal. Y, según señala el propio grupo de Ericsson en un artículo de 2019, Gladwell nunca usó el término «práctica deliberada» en su libro y habló de práctica en general. Ericsson insistió en que no existe un número mágico: lo que hace falta es un período largo de práctica para llegar a un nivel internacional.
La diferencia entre práctica y práctica deliberada importa. La segunda no es repetir por repetir. Es un entrenamiento diseñado para mejorar un aspecto concreto, con retroalimentación y esfuerzo real. Cuando se repite «diez mil horas», a menudo se entiende como pasar tiempo haciendo algo, que es otra cosa.
Luego vino la comprobación. En 2014, Brooke Macnamara y sus colegas publicaron en Psychological Science un metaanálisis sobre la relación entre práctica deliberada y rendimiento. Encontraron que la práctica deliberada explicaba alrededor del 12 % de las diferencias de rendimiento, con un intervalo de confianza entre el 9 % y el 15 %. Es decir, el 88 % quedaba sin explicar. Según el ámbito, el peso variaba mucho: 26 % en juegos, 21 % en música, 18 % en deportes, 4 % en educación y menos del 1 % en profesiones.
Hay que leerlo con cuidado. Doce por ciento no significa que practicar no sirva; significa que, entre las personas estudiadas, la práctica por sí sola no explica la mayor parte de por qué unas rinden más que otras. Y la discusión sigue abierta, incluso sobre qué cuenta exactamente como práctica deliberada.
Lo que queda para ti es menos épico que la regla y más útil. Si lo que haces es acumular horas sin un objetivo, probablemente estás ocupando tiempo, no mejorando. Si diseñas la práctica, recibes retroalimentación y persistes, las horas pesan más. Y en ámbitos como las profesiones, donde la práctica deliberada casi no explica diferencias, tienen que estar pesando otros factores que este tipo de estudio no recoge.
Desconfía de las cifras redondas que prometen justicia. Con frecuencia salen menos de un estudio que de la necesidad de simplificar la historia.
Fuentes
- Macnamara, Hambrick y Oswald (2014), Psychological Science — Práctica deliberada y rendimiento: un metaanálisis
- Frontiers in Psychology (2019) — Artículo del grupo de Ericsson sobre la práctica deliberada
- PMC — Práctica deliberada y límites propuestos: por qué importa la definición original
- Macnamara y Maitra (2019) — El papel de la práctica deliberada en el desempeño experto: revisión de Ericsson, Krampe y Tesch-Römer