El camino que no tiene mapa
Brian Chesky estudió diseño industrial, no negocios. Phil Knight era contador, no empresario. Ninguno tenía el mapa -- lo hicieron caminando, con los dos pies en mundos distintos durante años.
2 min de lecturaBrian Chesky no estudió administración ni ingeniería. Se graduó en 2004 de la Rhode Island School of Design con un título en diseño industrial, y pasó sus primeros años de carrera diseñando juguetes, guitarras y equipo médico para una firma de diseño. No sabía programar. No pasó por Harvard ni por Stanford. Lo único que tenía, cuando se mudó a San Francisco a vivir con Joe Gebbia -- su compañero de RISD -- era la necesidad de pagar la renta y unos colchones inflables de sobra durante una conferencia que había llenado todos los hoteles de la ciudad. De ahí salió Airbnb: no de un plan de negocios, sino de una necesidad concreta resuelta con lo que tenían a mano.
Años después, cuando inversionistas de Silicon Valley dudaban de que alguien sin formación técnica o de negocios pudiera dirigir una empresa de ese tamaño, Chesky respondió con algo que vale la pena tomar en serio, no como anécdota simpática sino como argumento real: dijo que RISD produce grandes emprendedores porque ahí enseñan que la creatividad puede resolver cualquier problema. No la formación en negocios. La creatividad.
Phil Knight tampoco tenía el mapa. A los 24 años, en vez de aceptar el trabajo corporativo que su formación predecía, decidió construir algo propio. Pero no lo hizo de un salto: mientras empezaba lo que terminaría siendo Nike, trabajaba como contador -- primero en Coopers & Lybrand, después en Price Waterhouse -- porque su propio negocio todavía no podía pagarle un sueldo. No dejó la contabilidad hasta los 31 años, cuando por fin pudo asignarse un salario de 18.000 dólares anuales. Entre la decisión y el salto real pasaron siete años viviendo, literalmente, en dos mundos a la vez.
Ahí está lo que casi nunca se cuenta de estas historias: no fueron un salto limpio y valiente en un solo momento. Fueron años de sostener dos vidas -- la que pagaba las cuentas y la que todavía no probaba nada -- sin la certeza de que la segunda algún día iba a funcionar. El camino sin mapa no se ve glamoroso mientras se camina. Se ve como alguien con dos trabajos, sin pruebas todavía, aguantando más tiempo del que cualquier plan razonable recomendaría.
Lo que Chesky y Knight tienen en común no es talento para la industria en la que terminaron construyendo algo. Es tolerancia a los años sin prueba. No tener el mapa convencional -- la carrera correcta, los estudios correctos, la red de contactos correcta -- resultó, en ambos casos, completamente irrelevante para lo que terminaron construyendo. Lo que sí hizo falta fue la disposición a cargar con la incertidumbre más tiempo del que la mayoría estaría dispuesta a sostener.