La postura de poder: cuando la autora principal dejó de creer en su propio estudio
Una charla TED convirtió en consejo universal un estudio pequeño. Cuando se repitió con una muestra mucho mayor, el efecto sobre las hormonas y la conducta no apareció, y quien lo había firmado lo dijo públicamente.
3 min de lecturaEn 2010, Dana Carney, Amy Cuddy y Andy Yap publicaron en la revista Psychological Science un estudio sobre las «posturas de poder»: adoptar durante un par de minutos una postura expansiva, con el cuerpo abierto y ocupando espacio, cambiaría tus hormonas y te haría sentir y actuar con más seguridad. En 2012, Cuddy llevó la idea a una charla TED popular que la dio a conocer a un público enorme.
El problema apareció cuando alguien intentó repetirlo. En 2015, Eva Ranehill y sus colegas de la Universidad de Zúrich hicieron una réplica con 200 participantes, más de cuatro veces los del estudio original. No encontraron efecto de la postura sobre el comportamiento ni sobre los niveles hormonales de las personas.
Lo que ocurrió después es raro en la ciencia. En 2016, Dana Carney, la autora principal del estudio de 2010, publicó en su página de la Universidad de California en Berkeley una declaración en la que decía, traducida: «No creo que los efectos de la "postura de poder" sean reales». Calificó de diminuta la muestra original y de pequeños los efectos, a veces apenas perceptibles, señaló problemas con los métodos y habló de p-hacking, es decir, de elegir análisis hasta que salga un resultado «significativo».
Cuddy no llegó a la misma conclusión. Respondió que se había vuelto «agnóstica» respecto a los cambios hormonales, pero que sigue considerando beneficiosa la técnica. Por otra parte, los resúmenes secundarios mencionan un esfuerzo posterior de varios laboratorios, en 2017, según el cual adoptar esas posturas sí puede hacer que las personas se sientan más poderosas, pero rara vez cambia su comportamiento de forma significativa.
Qué evidencia hay, entonces. El estudio original era un experimento con una muestra pequeña. La réplica, con una muestra mucho mayor, no confirmó los efectos sobre las hormonas ni sobre la conducta. Lo que parece sobrevivir, según esos resúmenes, es un cambio subjetivo: cómo te sientes, no necesariamente lo que haces ni lo que pasa en tu cuerpo.
Esta historia suele contarse como un escándalo, pero se puede leer de otra forma: es la ciencia corrigiéndose. Un resultado llamativo se publicó, se difundió demasiado rápido, se puso a prueba y la propia autora principal reconoció los límites. Lo que falló fue en parte el método del estudio original, como señaló la propia Carney, y en parte la velocidad a la que una idea atractiva pasó de un artículo a un consejo de vida.
La lección práctica es sencilla. Cuando un estudio promete que un gesto de dos minutos cambia tu biología o tu rendimiento, pregunta cuántas personas participaron y si alguien lo ha repetido. Si no, trata el resultado como una pista, no como una receta.
Fuentes
- Ranehill et al. (2015) — réplica de la postura de poder, Psychological Science
- Skeptical Inquirer — La parábola de la postura de poder y cómo revertirla
- The Chronicle of Higher Education — Power Poser
- University of Hertfordshire — Los peligros de la investigación sobre la postura de poder
- Wikipedia — Power posing
- Wikipedia — Dana R. Carney