Wangari Maathai · Medio ambiente
La mujer que sembró millones de árboles
Wangari Maathai fue la primera mujer de África oriental y central con un doctorado. Convenció a mujeres rurales de Kenia de plantar árboles a cambio de un pequeño pago y terminó recibiendo el Nobel de la Paz.
2 min de lecturaWangari Maathai nació en 1940 en el centro de Kenia, entonces colonia británica, en una familia campesina kikuyu. Según algunas biografías, en la aldea de Ihithe, y era la tercera de seis hijos. Su camino ya fue extraordinario solo por la educación: estudió biología en el Mount St. Scholastica College, en Kansas, una maestría en la Universidad de Pittsburgh, y en 1971 obtuvo un doctorado en la Universidad de Nairobi. Fue la primera mujer de África oriental y central en lograrlo, y llegó a ser profesora en esa universidad.
Pero lo que la hizo célebre empezó en otro lugar: el campo, y las mujeres que vivían de él.
En 1977 fundó el Movimiento Cinturón Verde. La idea nacía de un problema cotidiano y concreto: las mujeres rurales necesitaban leña. Maathai propuso algo sencillo: que ellas mismas plantaran árboles. A cambio, recibían una pequeña suma de dinero por cada plantón que lograban hacer crecer.
El detalle importa porque explica por qué funcionó. No era caridad ni una campaña de concientización desde arriba. Era trabajo pagado, hecho por las propias mujeres afectadas por el problema, que de paso recibían un ingreso propio.
La escala creció hasta ser difícil de medir con exactitud. Las fuentes coinciden en que el movimiento plantó decenas de millones de árboles en Kenia, pero las cifras varían según la fuente y la fecha: desde alrededor de 30 millones hasta más de 51 millones. Prefiero dejar el rango abierto antes que elegir un número que no puedo confirmar.
En 2004, Maathai recibió el Premio Nobel de la Paz. Fue la primera mujer africana en recibirlo, y también la primera vez que el premio reconocía de forma central el trabajo ambiental. El Comité Nobel lo resumió con una frase que se cita a menudo, aquí traducida: «La paz en la tierra depende de nuestra capacidad de asegurar nuestro entorno vital». Murió en 2011; el movimiento sigue funcionando.
Lo que hace especial esta historia no es solo el número de árboles. Es la conexión que ella defendió: que el medio ambiente, el sustento de la gente y la paz están ligados, y que un gesto tan pequeño como plantar un árbol podía tocar varios de esos problemas a la vez. No empezó con una gran teoría. Empezó con una acción que cualquier persona podía hacer con sus manos, y la repitió hasta que dejó de ser pequeña.