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CIENCIA — 14 DE OCTUBRE DE 2026

El Nobel que nació de preguntarse cómo nada un alga hacia la luz

El Nobel de Medicina 2026 premia la optogenética: controlar neuronas con luz. Su origen es una pregunta de ciencia básica sobre un organismo de una sola célula.

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El 5 de octubre, la Academia Sueca anunció el Nobel de Fisiología o Medicina de 2026. Lo comparten el estadounidense Karl Deisseroth y los alemanes Peter Hegemann y Georg Nagel, «por sus descubrimientos sobre los canales iónicos activados por luz y la optogenética».

La historia empieza con una pregunta que parece sacada de otro campo. Hegemann se preguntaba cómo hace Chlamydomonas, un alga de una sola célula, para nadar hacia una fuente de luz. A comienzos de los años 2000, él y Nagel descubrieron la respuesta: una proteína en la superficie de la célula, llamada canalrodopsina. Cuando la ilumina luz azul, se abre un canal a través de la proteína, entran iones con carga eléctrica a la célula y se genera un impulso eléctrico.

Ese es el truco. Una proteína de un alga convertía luz en electricidad celular.

Deisseroth dio el siguiente paso. Introdujo el gen de la canalrodopsina en neuronas de rata y comprobó que, al iluminarlas con luz azul, podía disparar una señal nerviosa. Lo publicó en 2005. Dos años después demostró que el interruptor también funcionaba en el cerebro de ratones vivos.

Eso es la optogenética: modificar células para que respondan a la luz y poder encenderlas o apagarlas a voluntad. Su valor para la neurociencia es la precisión. Permite activar o silenciar tipos concretos de células, con precisión de milisegundos, y así comprobar qué circuitos del cerebro causan qué conductas. Hoy laboratorios de todo el mundo la usan para rastrear los circuitos de la memoria, las emociones y el comportamiento.

La parte que más interesa fuera del laboratorio es la medicina, y aquí conviene ir despacio. Todavía está en fase de ensayos clínicos. En la retinitis pigmentosa, una enfermedad que destruye los conos y bastones del ojo, se intenta restaurar la visión insertando en la retina una proteína parecida a la canalrodopsina. Según los materiales del Nobel, un paciente ciego recuperó algo de visión y, con unas gafas que emiten luz, pudo distinguir y agarrar objetos sobre una mesa. Es un resultado notable, pero es un caso en un ensayo, no un tratamiento disponible.

Lo que deja esta historia es una lección sobre cómo ocurre la ciencia que cambia las cosas. Nadie propuso «controlar el cerebro con luz» como objetivo. El punto de partida fue la curiosidad por un alga, y la herramienta apareció años después, cuando alguien tuvo la idea de llevar esa proteína a una neurona.